COPA DEL PLATA 2011

COPA DEL PLATA 2011, la fiesta de la cultura cannabica latinoamericana

El primer domingo de Agosto se celebra la Copa Cannabica del Plata 2011 en su décima edición

Esta es una competencia para la que no te va a llegar invitación, ni verás anunciada en los noticieros (al menos no por ahora). La Copa Cannábica del Plata se lleva a cabo con la discreción de una sesión de los Rosacruces, y tal vez con la misma devoción.

 

En el año 2001, un pequeño grupo de diez cultivadores de marihuana en Argentina, entre risa y risa, se puso de acuerdo para compartir sus cosechas, fumar un rato y premiar al que obtuviera el mejor producto de la temporada. Era un chiste, una excusa simpática para pasar el día jugando a emular los encuentros de cata que se realizan en Ámsterdam. Diez años después, este encuentro ha logrado transformarse en el único concurso internacional de cultivadores en Sudamérica, que aunque se realiza en la más completa y absoluta ilegalidad, cuenta con auspicios y patrocinios de firmas y entusiastas de diversas partes del mundo.

El encuentro siempre es privado y secreto: sólo se entra por recomendación de alguien que haya estado en una edición anterior, y se debe cumplir con el requisito de ser cultivador. Es decir, no se aceptan mirones. Para el concurso cada uno de los participantes debe llevar una muestra con 10 gramos de marihuana. 4 gramos se dividen en cuatro muestras a repartir entre todos los concursantes. Es decir, a todos les toca cuatro muestras al azahar, como para saber cómo viene la mano de los demás competidores. De los 6 gramos restantes, cuatro van para los tres jurados oficiales  que este año serán Gomez (campeon 2009) Chirry (campeon 2010) y Alberto Huergo ( revista Haze) y la comisión organizadora y 2 se dejan para el desempate o, en caso de no haber, para la gran fumata popular al final del día. El jurado está compuesto por los campeones de los dos años anteriores más un invitado, generalmente de fuera del país, y la comisión organizadora.

Así, con calma, tanto el jurado como los competidores van probando las distintas muestras. Se evalúan forma, color, aroma, sabor y, claro, su efectividad. A fin de mantenerse frescos para la siguiente muestra, los jueces dejan espacio entre cata y cata para comer un poco, limpiarse la boca y sobre todo la conciencia. La idea es no caer desmayado y poder realizar, dentro de lo posible, juicios objetivos respecto de los ejemplares en competencia. Y reina un ambiente de camaradería. Los competidores se pasan datos sobre el PH de los suelos, floración, técnicas de secado, recetas de cocina cannábica y más.

Debido al contexto de ilegalidad en que se realiza, y a que en los últimos tres años el evento ha despertado el interés no sólo de cultivadores de los países vecinos sino también de las fuerzas policiales locales, los organizadores extreman precauciones. A quienes fueron aceptados, se las cita en Buenos Aires para el día del evento, sin especificar el lugar del mismo. Solo un día antes se les confirma un punto de encuentro, para que los invitados estén listos para la mañana siguiente. Alrededor de las 9 a.m. son recibidos por los organizadores en el punto de encuentro desde donde serán llevados hacia el lugar donde finalmente se efectuará la competencia. Alrededor de las 11 de la mañana todo el mundo entra a la “sede”, se cierran las puertas y no se abren hasta que el evento termina a las 8 de la noche. En punto.

En la versión del año pasado, realizada a fines de julio, el gran campeón fue un cultivador proveniente de Buenos Aires,  se impuso no sólo a media centena de cultivadores de Argentina, sino también a competidores provenientes de Chile, Brasil y Uruguay

¿El premio? Regalos de cada uno de los stands que también patrocinan el clandestino evento: semillas de bancos europeos, pipas, revistas (el año pasado hasta se regaló un vaporizador, gentileza de la firma Vulcano de Estados Unidos). Y la Copa, claro, que es hermosa.

 

Varietales criollos

Para entender la lógica de las copas cannábicas hay que sacarse de la cabeza la imagen del porro prensado en ladrillos que llega de Paraguay y se vende en los cantes y en las esquinas de barrios de clase media. Los cultivadores son sibaritas, verdaderos sommeliers que pueden hablar durante horas del sabor cítrico o amaderado de sus plantas con la misma pasión con que Miguel Brascó describiría el bouquet de un buen Malbec 2007. Solo fuman el cáliz –la flor propiamente dicha– y desprecian el “paraguayo” porque también trae hojas, semillas y hasta partes del tallo. Cualquier flor de marihuana criada en casa es superior a lo que se consigue en la calle. La diferencia de sabor y aroma es abismal. Y no sólo influyen la frescura y la selección de las partes de la planta que se fumarán. También el trabajo invertido en la genética y los cruces de cepas de los que cada cultivador se enorgullece como si fueran sus hijos.
Las familias de cepas más conocidas –cada una con sus cualidades propias– son Skunk,, Afgana, Haze, White y Blue. Pero cada cultivador desarrolla cruces propios y por eso en la Copa del Plata se encuentran cepas como la
“Quilmes Haze”, la “Psicodelicia”, la “Sweet Thai” y la “Syrian Haze”.

La Copa del Plata es una cita de drogones, sí. Pero nadie busca salir dado vuelta o dormirse a las dos horas. “El objetivo no es quedar reloco –explica Pepe, uno de los premiados– sino probar cosas diferentes. Si ya fumaste tres secas de un faso lo dejás para no colgarte y quedarte afuera de los demás”. No será como escupir el vino en una cata, pero le pega en el palo.

Cronica del evento del año pasado

La competencia es un calco políticamente incorrecto de la Rural, pero las cocardas no son para los sementales Hereford sino para cogollos de variedades como Flashback o Super Silver Haze. Los organizadores se encargan de repartir las muestras unos diez días antes entre los jurados. Los afortunados son los campeones de las últimas dos ediciones y un miembro invitado por la comisión organizadora.
El día arranca bien temprano en una esquina en el corazón porteño. Poco después de las nueve empiezan a llegar, de a dos o en grupitos chicos, los portadores de la planta sagrada. Más que hippies de Woodstock parecen skaters californianos o universitarios europeos. Mucho piercing, mucha campera inflable,al menos una capucha por persona y varios sobretodos viejos con el sello inconfundible de las galerías de usados y el Ejército de Salvación. Las mochilas gritan slogans y pines coloridos. Lentes oscuros hay paratodos los gustos. Nadie sabe adónde va. Lo único que les llegó –por mail o a través de los cuatro o cinco foros de Internet que usa la élite cannábica local– es la hora y el lugar de reunión en la calle. Desde hace un par de años la cita es en plena ciudad y ya no en un campo o quinta de las afueras. Es una forma de militancia, de desafío a una autoridad que todos desprecian por injusta.Cerca de las nueve y media ya hay más de cien personas en la vereda de una de las arterias más transitadas de la ciudad. Algunos empiezan a ponerse nerviosos por lo vistoso de la inusual aglomeración. “Esto es un escracho”, se queja el Ingeniero, cuyo seudónimo fumón remite a su profesión en la vida real. Justo entonces la masa empieza a dividirse en equipos,que parten, ya con el dato de la dirección, hacia el galpón donde pasarán diez horas encerrados fumando hasta entrada la noche.
Los participantes van entrando de a uno y dicen su nombre de guerra al encargado de la puerta. Una vez chequeada su identidad, cada uno recibe cuatro sobrecitos Ziploc. Son las muestras para la cata colectiva, que se deben calificar de uno a diez puntos en cuatro aspectos: sabor, olor, textura y “mambo”. La textura incluye aspectos técnicos como la presentación, el secado y el manicurado, es decir, el corte de las hojas que envuelven la flor y no se fuman. El mambo, claro, es algo muy subjetivo.

Con música dub de vanguardia como fondo,  los competidores empiezan su faena. El primer porro lo arma con destreza el más veterano del grupo al que se suma C. Es un canoso cuarentón, diseñador y con la cara siempre enrojecida, que conoce al Ingeniero y a los demás por uno de los foros especializados. Lo enciende, lo hace girar y algunos anotan detalles para la calificación. Un obsesivo extrae del bolsillo su lupa, para admirar mejor la flor candidata. El promedio de las puntuaciones in situ de los cultivadores se sumará luego como un voto más a los del jurado.”¡Pero mirá lo que es esta Bubblegum!”, advierte en la misma mesa un plomero también cuarentón con fama de gran genetista de entrecasa. Por los altoparlantes los organizadores reclaman que todos apaguen y les dejen sus celulares, cuyo uso está prohibido. “Vamos que somos casi 200 y acá hay 20 celulares”, insisten. “Entreguen, muchachos, no nos hagan irlos a buscar”. Una hora después, sin haber recolectado muchos más, olvidan el tema. La puerta ya se cerró y nadie podrá salir hasta que todo termine, pasadas las nueve de la noche.

 

Volcanes y chocolates

Bien explotado, un evento como la Copa podría ser un buen negocio. Pero la idea de los organizadores no es explotarlo sino disfrutarlo. Los docientos pesos de la entrada saben a poco frente a lo que se sirve durante el día: desayuno de bienvenida con bizcochos e infusiones; picada de media mañana; almuerzo con pizza, hamburguesas y choripán; más picadas a la tarde y merienda con mesa dulce para la despedida.Todo regado con canilla libre de gasesosas y jugos azucarados para aguantar el ritmo. Nada de alcohol.
La competencia pasa a un segundo plano cuando los participantes empiezan a recorrer la docena de stands instalados en el galpón. Muchos se detienen ante el del vaporizador Vulcano, un artefacto que permite extraer de la flor de marihuana todo el THC sin combustion, su uso evita la inhalacion de los subproductos nocivos de la combustion y es altamente recomendable para uso medicinal. Es un cono de acero con un motor que inyecta vapor a 180 grados en un receptáculo donde se deposita el cogollo y que luego infla un globo de plástico transparente con ese mismo vapor “cargado”. Vale 250 dólares. Todos lo prueban, nadie lo compra.
Frente a ese gazebo blanco hay otro, menos comercial, donde el activista Mike Bifary comparte orgulloso su vaporizador casero. Es una suerte de alambique de vidrio que se complementa con una pistola industrial de aire caliente. “Te la comprás en Easy”, explica solícito. A su lado hay un microscopio para apreciar en detalle la belleza de las flores. No falta el merchandising. Remeras de la Copa, sofisticados papeles para armar porros con sabor a mojito, cremas hidratantes a base de cáñamo e implementos para el cultivo. Más que como una feria, todo luce como una convención de especialistas. Que lo es, claro.

Al promediar la tarde llega la hora del chocolate.
Se sirve en el stand de Pollination, una marca de artículos para aficionados. No se trata de barritas de cacao, sino de hashísh. En la Copa se le atreven pocos. Falta un rato largo y nadie se quiere quedar dormido.

 

Mercado verde

En los stands que venden productos, las formas de pago son dos: pesos o “cogollos”. Por un frasquito de hongos simbiontes para reforzar las raíces de sus plantas, alguien entrega un puñado de sus flores. El vendedor lo acepta en un rápido cambio de manos. Otro paga lo mismo por una crema. No hay vuelto.
Canjear cosechas es la gran actividad paralela a la competencia. Nadie vende cash, algo muy repudiado en el ambiente, pero todos quieren llevarse a casa una muestra de los candidatos al podio. Los cultivadores más experimentados cambian una sola de sus flores por medio frasco de cogollo común. Adentro nadie traduce a dinero las pequeñas fortunas que se negocian como figuritas en el patio de la escuela . Pulpa, un cultivador que además montó su propio local de parafernalia fumona, lamenta que se haya

suspendido el torneo de armado de porro, donde se suele competir por velocidad y terminado. En el salón contiguo, el abogado Luis Osler empieza a disertar sobre la inminente despenalización y sus límites. Es toda una celebridad. Sólo unas pocas toses interrumpen el silencio con que lo oimos. La Copa se acerca a su fin. Algunos se distraen con un futbolito decorado con hojas de chala. Una profesora de gimnasia y su amiga se arman uno mientras cuentan cómo aprendieron a instalar lámparas de

alta presion en sus placards para el cultivo indoor. Se sintieron relojeadas todo el día porque entre los 150 asistentes hay menos de veinte chicas. “Y son bastantes más que el año pasado”, festeja un observador atento.
Desenlace emotivo. Bostezos de atardecer y sonrisas de satisfacción por doquier. Cada cultiveta aprieta algún tesoro en el bolsillo. Todos quieren ver al Campeón. La Copa Del Plata 2010 se va con él y sus ojos achinados vierten lágrimas de emoción.

Hasta el año que viene.

Via: http://plantatuplanta.net

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3 Comments

  • marlon ernesto churumia
    10 Aug 2011 | Permalink | Reply

    el cannabis es lo mejor q e prebado y algun dia ire a esa copetencia!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  • 2 Dec 2011 | Permalink | Reply

    Me gustaría conocer participar de las degustaciones de la hierba sagrada ganjah rastafary! Saludos hermanos!

  • 10 Aug 2012 | Permalink | Reply

    mm que bueno ir a la copa, tengo las flores , pero salen flacas, y con esto d las importaciones……..estamos embarraios.

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